Historia Postal de Saltillo: De Valijas Coloniales al Declive Digital

El servicio postal en Saltillo, Coahuila, ha transitado por una larga evolución que refleja los cambios en la comunicación humana, desde los sistemas de mensajería prehispánicos adaptados por la colonia española hasta la actual predominancia de la paquetería electrónica. En sus orígenes, la Nueva España incorporó la red de painanis y techialoyan mexicas, con estaciones de relevo cada diez kilómetros. El 31 de mayo de 1579, Felipe II designó a Martín de Olivares como Correo Mayor de Postas de la Nueva España, cargo que asumió el 27 de agosto de 1580, conectando Tenochtitlan con puertos como Veracruz y Acapulco hacia Europa y Filipinas. Durante las reformas borbónicas, la Real Cédula del 21 de diciembre de 1765 integró el correo a la Real Hacienda, y la Ordenanza General de Correos de 1794 reguló estafetas, valijas y tarifas. En Saltillo, desde 1772 se destinaron recursos locales para el correo hacia Durango: el procurador Ignacio Dávila apartó 37 pesos de Rentas de Propios. En 1777, Teodoro Francisco de Croix solicitó apoyo al cabildo para la ruta Durango-Chihuahua. Documentos de 1780 indican que enviar correspondencia de Saltillo a Durango, a cien leguas, costaba 26 pesos, 5 reales y 4 granos, equivalente a más de 30 mil pesos actuales. Estas operaciones dependían de valijas transportadas a caballo, con relevos en agostaderos solicitados en 1789 por Rafael Martínez de Abal. El correo colonial en la región formaba parte de las Provincias Internas, con pagos obligatorios por correspondencia ordenados en 1783 desde Arispe, Sonora.Tras la Independencia, la Ordenanza de 1794 se mantuvo como base legal, pasando al Ministerio de Hacienda en 1824. En 1842, Antonio López de Santa Anna reorganizó el servicio y tarifas. En Saltillo, para 1844 existía un edificio postal en la calle Principal, hoy Hidalgo, documentado como parte de servicios públicos municipales. Durante el Segundo Imperio, Maximiliano introdujo buzones y estampillas con “Águilas del Imperio”, profesionalizando el servicio urbano. En la década de 1860, la oficina saltillense operaba de manera permanente con personal y registros financieros. Incidentes como el robo al correo José Cepeda en Agua Nueva en febrero de 1874 y el extravío de valija en General Cepeda ese mismo año evidencian vulnerabilidades en rutas locales. El Primer Código Postal de 1883, vigente desde 1884, federalizó el servicio. Durante el Porfiriato, la creación de la Secretaría de Comunicaciones y Obras Públicas en 1891 y la Dirección General de Correos en 1901 culminaron con la inauguración del Palacio Postal nacional en 1907. En la Revolución Mexicana, la fragmentación llevó a emisiones provisionales de sellos con resellos villistas, zapatistas y carrancistas. Para 1920, la oficina central de Saltillo se ubicaba en la esquina de Victoria y Manuel Acuña, bajo Gumersindo Castilla Martínez. Los carteros, descritos como fieles servidores públicos, recorrían la ciudad a pie o en bicicleta —el pedaleo que da título al artículo—, portando mochilas de cuero y silbatos que anunciaban entregas, convirtiéndose en figuras emblemáticas de interacción comunitaria.En el siglo XX posrevolucionario, México se unió a la Unión Panamericana de Correos en 1921; en 1933 se fusionaron correos y telégrafos, separados en 1942; en 1958 pasaron a la Secretaría de Comunicaciones y Transportes. El decreto del 20 de agosto de 1986 creó Sepomex para modernizar, y el 8 de septiembre de 2008 recuperó el nombre Correos de México. El Día del Cartero se celebra el 12 de noviembre. Sin embargo, el avance digital ha provocado un declive global de la correspondencia: en Estados Unidos, pérdidas superiores a 100 millones desde 2007; en Europa, reducciones del 40% desde 1996; en Dinamarca, cese total de cartas en 2025 con retiro de 1,500 buzones y despido de 1,500 empleados. En México, 2024 registró 1,200 millones de paquetes, un aumento del 20% respecto a 2023, dominados por repartidores en vehículos propios sin uniforme ni silbato. En Saltillo, la figura del cartero con gorra, silbato y bicicleta se convierte en reliquia, desplazada por la eficiencia impersonal del correo electrónico y paquetería en línea. El artículo subraya esta transformación como una pérdida de rituales humanos: abrir un sobre, reconocer la letra, sentir el papel, contrastando con la desmaterialización actual que reduce la conexión personal en la vida urbana.[10 de enero de 2026]